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Uruguay juega en serio: el país se consolida como exportador global de videojuegos
Con más de 50 estudios activos, exportaciones por US$ 10 millones y un mercado interno que alcanza los US$ 50 millones, la industria uruguaya de videojuegos gana escala y proyección internacional, según el nuevo business case sectorial elaborado por Uruguay XXI
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En un mercado global cada vez más competitivo y en expansión, que superó los US$ 187.700 millones en 2024, donde millones de jugadores consumen contenidos en múltiples plataformas, Uruguay logró abrirse paso con una combinación poco habitual: escala pequeña, pero impacto global. Lejos de los grandes polos tradicionales, estudios locales consiguieron posicionar títulos propios en rankings internacionales, acumular millones de descargas y establecer vínculos estables con publishers, plataformas y clientes del exterior.
En Uruguay hay hoy más de medio centenar de estudios de videojuegos activos y un catálogo en expansión que supera los 80 títulos propios. Detrás de esa cifra se consolida una industria orientada casi exclusivamente a la exportación, con ingresos que rondaron los US$ 10 millones en 2023.
De acuerdo con el nuevo Business Case de Videojuegos elaborado por Uruguay XXI, ese desempeño no es casual, pues la industria uruguaya de videojuegos se desarrolló en paralelo al crecimiento del sector tecnológico, y hoy se apoya en una base sólida de exportación de servicios digitales. La mayoría de los desarrollos locales están orientados a mercados internacionales y, en muchos casos, se benefician de un esquema fiscal que exonera del impuesto a la renta a los productos de software exportados, un diferencial clave en términos de competitividad.
El ecosistema, además, muestra señales de madurez. La producción se concentra principalmente en PC, seguida por mobile y consolas, con una fuerte presencia de géneros como acción y estrategia, lo que refleja una industria que ya no es experimental, sino diversificada y orientada a nichos concretos de mercado.
Pero si hay un argumento que el sector exhibe con contundencia es su capacidad de generar propiedad intelectual reconocida a nivel global. El caso más emblemático es Ironhide Game Studio, creador de la saga Kingdom Rush, que superó los 44 millones de descargas y obtuvo múltiples premios internacionales. A ese recorrido se suman estudios como Pomelo Games —con títulos destacados en Apple Arcade— y Batovi, que logró posicionarse en plataformas globales con propuestas de identidad local.
También emergen modelos innovadores como el de Entrevero Games, un estudio que trabaja para clientes internacionales como Cartoon Network y Mattel y cuyos juegos superan los cinco millones de partidas mensuales en plataformas globales. Su estructura cooperativa, donde todos los integrantes son socios, introduce una lógica de producción poco frecuente en la industria y refuerza el carácter colaborativo del ecosistema local.
Más allá de los casos de éxito, el atractivo del sector radica en un conjunto de condiciones estructurales. Uruguay combina talento creativo y técnico con una alta proporción de profesionales con dominio del inglés, lo que facilita la inserción internacional. A eso se suma una infraestructura digital de primer nivel en la región, con altos niveles de conectividad, centros de datos y enlaces internacionales que permiten trabajar en tiempo real con equipos globales.
La sostenibilidad también aparece como un diferencial emergente. Con el 98% de su matriz energética basada en fuentes renovables, el país ofrece condiciones para un desarrollo de software con menor huella de carbono, un aspecto cada vez más valorado en la industria tecnológica global.
En paralelo, el sector muestra una institucionalidad en expansión. La creación de la Cámara Uruguaya de Desarrolladores de Videojuegos (CAVI) en 2016 permitió articular intereses, promover la internacionalización y consolidar una agenda común entre empresas, academia y organismos públicos. A esto se suman fondos específicos para el desarrollo de prototipos y etapas creativas, así como eventos y espacios de formación que alimentan el flujo de nuevos proyectos.
El mercado interno, aunque acotado, también aporta señales relevantes. Cerca del 28% de los usuarios de internet en Uruguay juega videojuegos online y alrededor de un tercio realiza gastos dentro de los juegos, generando un mercado estimado en US$ 50 millones anuales. Más que el tamaño, lo que destaca es el comportamiento: un consumo sofisticado, diverso y con capacidad de monetización.
En ese contexto, la estrategia país apunta a consolidar al videojuego como una plataforma de exportación basada en conocimiento, creatividad y servicios. La participación en ferias internacionales, el desarrollo de una plataforma sectorial como Uruguay Video Games y la articulación público-privada refuerzan una apuesta que ya no se plantea en términos de potencial, sino de posicionamiento.
El desafío, hacia adelante, no parece estar en demostrar que Uruguay puede producir videojuegos competitivos, sino en escalar esa capacidad, sostener el crecimiento y consolidar una marca país asociada a calidad, innovación y confiabilidad en uno de los sectores más dinámicos de la economía digital.