Una nueva e innovadora planta de vacunas proyecta a Uruguay en biotecnología

Con una inversión de US$ 4 millones, Terovet desarrolla en Montevideo un proyecto que refleja cómo Uruguay consolida sus condiciones para atraer y escalar inversiones en ciencias de la vida con proyección internacional
Fecha de publicación: 29/04/2026
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En 2023, tres profesionales con más de dos décadas de experiencia en la industria farmacéutica veterinaria decidieron dejar posiciones gerenciales en una multinacional para impulsar una nueva operación biotecnológica desde Uruguay. El equipo, con trayectoria en el desarrollo y producción de vacunas —incluyendo su paso por el laboratorio Prondil y luego por la multinacional MSD—, identificó un espacio concreto para capitalizar ese conocimiento a nivel local. Así nació Terovet.

“Había un conocimiento muy valioso que se estaba perdiendo en el país y vimos una oportunidad de mantenerlo y desarrollarlo desde Uruguay”, señaló Rafael Costoya, socio director de la empresa junto a Pablo Espósito y Julio Guarnaschelli.

Tras una primera etapa brindando servicios de consultoría para laboratorios del exterior —que incluyó vínculos con empresas en América Latina, África y otros mercados—, la compañía avanzó hacia la construcción de una planta biotecnológica propia, actualmente en desarrollo en Montevideo, que comenzará a operar en setiembre de 2026.

“Decidimos montar esta planta en Uruguay, inicialmente enfocada en salud animal, pero con una visión a futuro que incluso contempla la salud humana”, agregó Costoya.

El proyecto busca cubrir la falta de capacidades para llevar desarrollos biotecnológicos a escala industrial, un espacio identificado dentro del sector local.

“Hoy existen desarrollos biotecnológicos en Uruguay, pero no hay infraestructura para llevarlos a producción industrial”, explicó Espósito.

De la investigación al escalado industrial

La planta permitirá producir vacunas innovadoras para la salud animal y, al mismo tiempo, ofrecer servicios de manufactura bajo el modelo CDMO (Contract Development and Manufacturing Organization), ampliamente utilizado en la industria global.

Este enfoque combina desarrollo propio con producción para terceros y responde a una tendencia creciente: la externalización de capacidades de desarrollo y manufactura hacia operadores especializados.

“Somos una planta que produce para otras empresas, principalmente para mercados emergentes donde los costos son el verdadero desafío”, señaló Costoya.

Este posicionamiento permitirá atender segmentos donde las grandes compañías enfrentan mayores dificultades operativas. “Ahí vimos una oportunidad muy buena, la de poder producir con nuestra tecnología y acercar productos a precios competitivos en mercados donde hoy es difícil operar”, agregó.

A su vez, la planta se proyecta como una plataforma para el sector local. “Queremos ofrecer nuestra capacidad a empresas que desarrollan productos y no tienen dónde fabricarlos a escala industrial”, explicó Espósito.

Esto incluye desde el escalado de desarrollos de startups hasta la producción para multinacionales, con las que la empresa ya cuenta con clientes identificados y avances comerciales en distintas regiones.

En paralelo, el modelo contempla mecanismos para comenzar a generar ingresos en etapas tempranas del proyecto, a través de la producción de componentes que no requieren procesos regulatorios complejos.

Un modelo con foco exportador

El foco exportador es central: entre el 80% y 85% de la producción estará destinada a mercados internacionales. La empresa proyecta inicialmente abastecer a América Latina, África y Medio Oriente, regiones donde ya cuenta con experiencia y vínculos previos.

“Nuestro objetivo principal es exportar. Para el crecimiento de esta industria, es fundamental acceder a mercados internacionales”, afirmó Costoya.

En su primera etapa, la planta tendrá capacidad para producir hasta 20 millones de dosis anuales de vacunas complejas, con posibilidad de expansión modular en el futuro.

“El proyecto fue diseñado desde el inicio con potencial de crecimiento. Tenemos la posibilidad de multiplicar nuestra capacidad productiva hasta siete veces mediante nuevas inversiones”, agregó.

Además de las tecnologías convencionales, la empresa incorpora plataformas avanzadas, como el desarrollo de vacunas recombinantes, que amplían el alcance hacia nuevos segmentos, incluyendo el mercado de mascotas y, potencialmente, aplicaciones en salud humana.

Un ecosistema en crecimiento, con oportunidades de inversión

El desarrollo de Terovet se inserta en un sector biotecnológico que, si bien aún es acotado en escala, muestra un dinamismo creciente. En Uruguay operan actualmente más de 60 empresas biotecnológicas, de las cuales cerca de dos tercios son startups orientadas a desarrollar soluciones innovadoras con proyección global, de acuerdo con el estudio Empresas de biotecnología en el Uruguay: características productivas, tecnológicas y económicas de una actividad en crecimiento, elaborado por encargo de Uruguay XXI, la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Sin embargo, uno de los principales desafíos del sector sigue siendo la transición desde la investigación hacia la producción.

En ese contexto, la inversión de Terovet incorpora un eslabón clave en la cadena de valor, habilitando nuevas posibilidades tanto para startups locales como para empresas internacionales.

“La idea es que quienes desarrollan soluciones en Uruguay puedan escalar industrialmente y acceder a mercados internacionales sin relocalizarse”, explicó Costoya.

A su vez, el proyecto se posiciona como un actor relevante para abordar desafíos productivos concretos, como el desarrollo y fabricación de soluciones biotecnológicas aplicadas al sector agropecuario.

Por qué Uruguay

La decisión de desarrollar este proyecto desde Uruguay responde a factores estructurales que también se reflejan en el resto del sector.

“Uruguay cuenta con recursos humanos altamente calificados y una base científica sólida, que es fundamental para este tipo de proyectos”, destacó Espósito.

El país combina disponibilidad de talento técnico y científico, experiencia en producción de vacunas y un entorno institucional caracterizado por la estabilidad económica y jurídica.

A esto se suma un entorno científico en expansión y condiciones que facilitan la validación de soluciones en áreas como la salud animal.

En este contexto, Uruguay comienza a posicionarse como una plataforma para el desarrollo, escalado y producción de biotecnología con alcance internacional.

Un caso que marca una oportunidad

El recorrido de Terovet muestra cómo una base de conocimiento consolidada puede transformarse en una inversión industrial en biotecnología desde Uruguay, conectando capacidades científicas locales con oportunidades globales.

Al mismo tiempo, evidencia una oportunidad más amplia: la posibilidad de invertir en un sector en expansión, con talento disponible y espacio para desarrollar infraestructura productiva.

En un ámbito altamente regulado —donde los procesos de desarrollo y habilitación requieren experiencia y horizontes de largo plazo—, la combinación de conocimiento técnico, capacidades industriales y acceso a mercados posiciona al país como un destino relevante para este tipo de inversiones.

“El potencial está. Uruguay tiene condiciones para consolidarse como un hub de biotecnología”, concluyó Espósito.


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